Jani Dueñas: Humor en tierras movedizas

Por Jani Dueñas

Mucho se habla hoy del cambio que está ocurriendo en lo que se tiende a llamar “los límites del humor”, de cómo se han movido esos márgenes producto de los movimientos sociales y culturales que hemos vivido en estos últimos años. La verdad es que a mí solo puede parecerme positivo que algo como eso esté sucediendo.

Sé que parece que ha sido algo más o menos rápido, pero la verdad es que ha sido un largo camino el que hemos transitado para llegar a lo que estamos viendo y discutiendo hoy. Y por lo mismo, aún transitamos sobre un terreno frágil, lleno de dudas, debates apasionados, resistencias de grupos más conservadores y por cierto, errores. Dentro de esos movimientos sociales y políticos, el protagonista ha sido sin duda el feminismo. Sin embargo, no creo que estos nuevos dilemas sean un problema solo de hombres, de enfrentar a humoristas clásicos versus la nueva comedia o de solo analizar medios con veinte años de historia, como The Clinic. No, porque todos los que estamos en el humor de una u otra forma sentimos lo mismo al caminar por este nuevo terreno aún movedizo.

A mí también me pasa. Todos tenemos chistes antiguos que ahora no repetiríamos. Los vemos y sabemos que ya no funcionarían, así como tampoco (en el mejor de los casos) resuenan en nosotros mismos como autores. Y no es algo que pasa solamente con chistes o rutinas antiguas, también con cosas recientes; porque todo está cambiando rápidamente. E insisto, a mi eso me parece alucinante.

Hoy estamos en ese momento en que uno mira lo que ha hecho o dicho en la vida y analiza lo que repetiría y lo que no. Y si uno, como ser humano, como comunicador, como artista ha evolucionado, este cambio de switch resultará orgánico y te pillará bien parado. Y es que no se trata de “ponerse en onda” ni de que alguien te asesore y te revise el material para estar en la frecuencia actual… si el cambio es externo, no funciona, el humor y su expresión máxima, la risa, tienen esa cosa maldita y preciosa, que si no es de verdad, no valen.

“Si una sociedad no muta su humor tampoco lo hará con otras cosas. Que hoy hablemos de sus límites solo es señal de que estamos rayando la cancha de nuevo, borrando esos márgenes que ya no nos sirven e inventando unos nuevos, más propios, más verdaderos, más compasivos y con mucha más visión.”

En términos simples, se trata de ir pegándose el alcachofazo con el cambio, de estar más en contacto con lo que pasa fuera de ti y de tu pequeño mundo y decir “ya no” con ciertos temas. Tan simple como eso. Aunque suene raro, aunque te parezca increíble. Ya no está tan fácil ser gracioso y eso solo puede ser positivo para quienes elegimos esto como oficio. Por eso celebro lo que está haciendo The Clinic ahora. Porque aceptó el desafío. No se trata de negar lo que se hizo antes, si no que de darse cuenta de cómo están las cosas hoy y, sobre todo, de mirar más allá y ver cómo sería el Chile donde queremos vivir, y luego, actuar en consecuencia. Desde el humor, el periodismo, las artes… todo.

Entonces, esa pregunta mañosa que muchos se hacen hoy, que muchos elevan como cuestionando que el cambio de paradigmas tenga sentido: ¿Qué? ¿Entonces ya no nos podemos reír de nada hoy? No, no es así. No necesariamente. Nos podemos reír de todo, lo que sí debe cambiar, y aquí sí que no hay vuelta atrás, es desde dónde te ríes. ¿Qué lugar vas a tomar? ¿El del oprimido? ¿O el del opresor? Esa es la verdadera pregunta hoy.

El humor es político aunque no hables de política. Lo personal es político y ese chiste que cuentas habla tanto de ti como de quién se ríe con el. El humor tiene como objetivo, entre muchos otros, mover los límites del poder y no puede nunca estar de su lado. Hay que reírse de ellos, no de quienes sufren bajo su yugo. Y mientras las minorías sean las oprimidas yo no me voy a estar riendo de gente que lo está pasando como el hoyo. Me reiré de quienes supuestamente “no puedo” reírme, porque la insolencia es un arma de punta muy filuda si sabes usarla bien.

“Todos tenemos chistes antiguos que ahora no repetiríamos. Los vemos y sabemos que ya no funcionarían, así como tampoco (en el mejor de los casos) resuenan en nosotros mismos como autores.”

¿Chistes sobre violaciones? Claro. Pero hablemos del violador y no de la víctima. ¿Chistes sobre aborto? ¡Claro que sí! Pero hablemos de la hipocresía de una sociedad que defiende la vida solo hasta que le conviene y puede cobrar por ella. Ese es el eje que está cambiando, y con esto, los que cambiamos somos nosotros. Algo profundamente necesario y urgente y donde el humor puede contribuir alivianando, profundizando, empatizando y haciendo que, desde la risa, nos preguntemos cosas.

En ese escenario, bienvenidos sean los cambios. Si una sociedad no muta su humor tampoco lo hará con otras cosas. Que hoy hablemos de sus límites solo es señal de que estamos rayando la cancha de nuevo, borrando esos márgenes que ya no nos sirven e inventando unos nuevos, más propios, más verdaderos, más compasivos y con mucha más visión.

Aceptemos el desafío. Seremos mejores comediantes y más importante aún, mucho mejores personas.

Actriz y comediante.