Jane Morgan: Sexualidad chilena, los últimos 20 años

Por Jane Morgan | Fotos: @pilarcastroe

Tuve la suerte que cuando partí con mi pequeño emprendimiento, al tiro me pescaron en los medios. Al parecer el hecho de ser forastera me dio cierta libertad de poder colonizar una idea bastante innovadora para el momento que vivía el país. Era el año 2006 y recién asumía la primera Presidenta, y mirando hacia atrás, creo que también fui la primera patuda a la que le permitieron mostrar un dildo en televisión. Me invitaron a ser parte del matinal de Chile en TVN, en ese entonces con Felipito y la Tonka, todo esto cuando aún no tenía una tienda oficial instalada. Armaba un par de pedidos al día en una pequeña oficina y de noche visitaba reuniones de mujeres donde mostraba mis primicias. Reflexionando que aún sin partir formalmente me dieran tanta bola, caigo en cuenta que había un tema atractivo ahí no explorado y que la gente tenía muchas ganas de conocer. No sé qué nació primero, si los “juguetes para grandes” o la curiosidad del chileno. Pero en términos prácticos, hoy me siento súper orgullosa de instar a un país entero a pasarlo bien y jugar.

Una de las primeras notas que me hicieron en la prensa, fue justamente acá en The Clinic “Historias de clientas felices; Mi vibrador y yo”. Recuerdo con emoción haber leído cada uno de los testimonios de esas mujeres, sincerándose, contando cómo habían experimentado el uso de su primer vibrador y lo que habían sentido en ese momento- Todas coincidían en cómo mágicamente el placer las había hecho reírse de sus miedos y dejarlos a un lado.

El miedo a que las tildaran de “degenerás” o hueonas calientes, el miedo a pasarse la vida solas y aburridas porque habían decidido no tener pareja, el miedo a ya no tener la edad para divertirse o vivir la sexualidad, el miedo a hablar con sus amigas o sus mamás sobre orgasmos y masturbación. Entonces, muy tempranamente iniciado mi negocio, sentí que los juguetitos podían llevar –sobre todo a las mujeres- mucho más allá de un simple “click”.

Recuerdo haber seguido también acá, la crónica “La carne”, una columna rupturista y osada que contaba las aventuras sexuales de la Carolina Errazuriz. Y en el año 2014 me topé con una nota titulada “la esclavitud de follar”, de Constanza Michelson. Ambas con miradas inquietas y potentes sobre la sexualidad femenina. En ese sentido The Clinic ha sido un espacio donde se puede encontrar material honesto y real sobre un tema que ha sido tan reprimido y lha estado lleno de mitos, sin necesariamente volverse un tonto grave. Porque, concretamente, la información sobre sexualidad en general escasea. Por un lado puedes encontrar potos y tetas en algunas revistas o diarios. O bien, en los medios más serios, alarmantes estudios que dicen que estamos todos cagados, llenos de disfunciones.

¿Cómo ha cambiado la sexualidad de los chilenos el último tiempo? Una vez al año, por lo menos, me convocan a responder esta interrogante. Y creo que como sociedad hemos tenido -y me sumo- la necesidad de ir monitoreando como vamos avanzando con respecto a ésta.

Mentalidad 2006-2010. O qué es lo que pensamos del sexo, nuestras ideas. Lo que aprendimos en el colegio de monjas, que hay que ser señorita en la mesa y puta en la cama. Lo que nos dijeron nuestros pares más experimentados, que hay que durar una hora, que hay que tenerlo grande. Que los chilenos somos cartuchos. Afortunadamente, paulatinamente nos hemos ido deshaciendo de estas opiniones para finalmente disfrutar de verdad.

Desempeño 2011 – 2012 en adelante. Qué tan osados somos los chilenos. ¿Nos atrevemos a experimentar? ¿Se atreven las mujeres a exigir sus orgasmos? O el por qué del impacto de la novela 50 sombras de Grey y cómo en mi tienda, por ejemplo, empecé a vender más esposas y látigos.

Y desde hace un tiempo hasta este 2018. Debemos sondear nuestros niveles de bienestar sexual, si acaso estamos conformes con nuestras relaciones. ¿Nos sentimos plenos en la cama?, debemos analizar si realmente conocemos nuestro cuerpo o si nuestra sexualidad nos hace felices.

Pienso que así ha sido la tónica evolutiva de los chilenos. Y justamente estamos en un momento elevado de conocimiento, mucho más que cuando recién partí. Mis clientas hoy no dicen chocho, sino que dicen vulva. Y claro, no llevo veinte años en Chile así es que la mirada que pueda tener de este cada vez más colorido país se remite a mis trece como Japi Jane y a un par más cuando antes trabajaba tras un escritorio. Sin embargo, puedo decir que me siento optimista situada en estas dos veredas: como observadora dueña del sex shop y como parte de una sociedad que progresa de a poquito en temas de derechos humanos sexuales e igualdad de género, además de avanzar en otros digamos “de alcoba”, que son igualmente importantes porque nos ayudan a ir construyendo nuestro discurso sobre sexualidad de manera más amplia y sobre todo, más creativa. Que el sexo es para pasarlo bien, que no hay que hacer nada porque “así es como se debe”, que sexo no es sólo penetración, que un encuentro sexual no termina con la eyaculación del hombre, que el disfrute es para todos, que la sexualidad no se termina en la tercera edad, que masturbarse no es el sustituto de algo mejor, sino que es algo bacán en sí mismo. Y que se dice juguete y no consolador.

*Jane Morgan – Creadora de Japi Jane.