Mon Laferte: Mirá de quién te burlaste

Por Valentina Collao López
“Una estrella serás, la que más va brillar”, le dijo su abuela mientras le trenzaba el pelo, cuando Monserrat Bustamante (35) era solo una niña. Han pasado más de 20 años desde ese momento que hoy podría leerse como una epifanía. Rojo, México, Lollapalooza, Viña, Premios Grammy y alabanzas en el New York Times, son solo algunos de los logros que uno podría enumerar en su vertiginosa carrera. Hoy, con todos los números a su favor, vuelve a Chile como la diva que su abuela vaticinó. Grande, bella, opinante, dispuesta a arriesgar la palabra para dar testimonio de su camino y todas las veces que se cruzó con el clasismo, machismo y la violencia. Acá, nuestra ídola, nuestra María del Barrio, nuestra Selena, nuestra heroína de la voz desgarrada.

Las cifras de Monserrat Bustamante (35) son apabullantes. Si uno busca “Mon Laferte” en Google, arroja más de ocho millones de resultados. Solo en Instagram, Facebook y Youtube tiene más de seis millones de seguidores a lo largo del mundo. Con “Vol. 1”, su tercer disco, alcanzó la fama en México y Chile, ese país del que se tuvo que ir porque no la tomaban en serio. Con “La Trenza”, su placa siguiente, le cantó a su abuela que le trenzaba el pelo cuando chica, al amor primaveral y al papá que la abandonó. Por si fuera poco, compuso “Amárrame”; el mega hit con Juanes que la convirtió en ganadora del Grammy Latino a Mejor Canción Alternativa.

“Me hago la valiente, así que respiro profundo y pienso; haz lo que sabes hacer, lo mismo que hacías a los 15 años en algunos bares de Valparaíso”, publicó muerta de miedo días antes de enfrentarse al monstruo de Viña en redes sociales como un recordatorio de lo que fue, y el camino que debió sortear para convertirse en lo que es hoy.

Previo al diálogo con The Clinic, la cantante chilena radicada en México desde 2007, llevará al menos un par de semanas subiendo y bajando de aviones, y de pasada, haciendo entrevistas. Una, cinco, diez, quince, veinte. En todas hablará de “Norma”, su más reciente trabajo. Ese disco en que se dio el lujo de grabar sin pausas en Capitol Records -el mismo estudio en que grabó Frank Sinatra y Paul McCartney- y que la tiene en portada picando cebolla, en homenaje a esa música que ella convirtió en arte.

La portada de tu nuevo disco me llamó la atención ¿Es una forma de validar tu música y lo que representas como artista?

-Sí ¿Sabes? Es como mi revancha. Siempre me sentí como fuera de lugar, siempre. Yo me crié en el Chile en los noventa y crecí escuchando a Nirvana, Los Tres, Los Prisioneros. Ellos estaban en mi casa, pero también la Myriam Hernández y escuchaba a la Palmenia Pizarro, a Cecilia “La Incomparable”. O sea me gustaba toda esa música, pero los mundos no se podían tocar. Y había una cosa súper despectiva respecto a mi clase social y al género musical cebolla, y era una cosa muy clasista. Por ejemplo, cuando llegué a la tele me acuerdo perfectamente una vez que alguien llamó por teléfono -en aquel tiempo que la gente llamaba por teléfono y no había redes sociales- y dijeron: “No, no me gusta esa niñita, porque es muy chula y muy cebolla”. Una cosa horrible ¿No? Súper clasista. Entonces yo decía: “Puta ¡Qué horrible este país en el que vivo!, en donde la gente todavía es totalmente clasista. ¡Qué tiene que ver! Sí, efectivamente yo soy de la pobla, pero eso no me quita mérito, no quita que sea más o menos talentosa y que la gente pueda escuchar cualquier tipo de música. Entonces, siento que hoy es mi revancha, porque acabo de tocar en Austin City Limits, el mismo festival con Paul McCartney. Toqué en Lollapalooza. Me la paso tocando en festivales increíbles.

Eres validada mundialmente.

-Lo que quiero decir es que mi música la escucha toda la gente, sin importar la clase social o el tipo de música que les guste, o el tipo de persona que sea. Entonces para mí es como una revancha decir: “Saben qué ¿Qué creen?. Sí, soy de la pobla y sí, canto cebolla, y tengo mi disco cebolla, donde salgo literalmente con la cebolla y estoy en los mejores festivales alternativos del mundo”. Entonces, claro que es un gusto.

Me hablabas del clasismo. Tengo la sensación de que tu música genera una cosa como de amor u odio. Los que te aman, lo hacen intensamente y los que no, son bien odiosos. Y creo que tiene que ver con tus inicios y con este origen “popular” que recordabas ¿Cómo observas ese fenómeno que ocurre contigo?

-Yo creo que la gente, no sé, esto es una apreciación personal, pero siento que cuando la gente no entiende algo, lo intenta destruir. Ni siquiera es que no les guste. Es que no lo entienden. Básicamente es eso. Siempre pasa, como que la frase “lo odio”, es justamente porque no lo entienden completamente, la gente se tiende a sentir un poco ignorante y entonces lo rechaza. Yo creo que es eso, pero con todo en la vida. Te hablo en un sentido general. Onda, alguien no entiende algo y lo quiere matar. Entonces, siento que a lo mejor eso pasa, gente que no termina de entender lo que hago. Pero, también está super bien. Yo no quiero que a todo el mundo le guste mi música.

“Saben qué ¿Qué creen?. Sí, soy de la pobla y sí, canto cebolla, y tengo mi disco cebolla, donde salgo literalmente con la cebolla y estoy en los mejores festivales alternativos del mundo”.

En algún momento todos los ojos empezaron a mirarte ¿Te acuerdas del momento exacto en que te diste cuenta que “eras exitosa”  o que estabas cumpliendo tu sueño?

-Sí, cuando empecé a verme muy cansada físicamente. Estuve con muchos problemas en la espalda por andar viajando. En Estados Unidos hacemos las giras en buses, que parecen que son muy divertidas y está como la caricatura del rockstar, pero es horrible, súper cansador. De pronto me vi con muchos dolores físicos, muy cansada y ahí fue cuando dije: “Pucha. No sé si quiero que esto sea así”. Ahí me di cuenta y fue como: ¡Wow!. También es importante aprender a regular eso y poner el freno, porque a veces está esta percepción de que hay que hacerlo todo, que hay que ser súper famosa y que la gente cree que eso es el éxito. Yo dije: “No. Necesito parar. Necesito descansar, porque primero está mi bienestar emocional y físico”.

Con todo esto que te ha pasado ¿qué significa para ti el éxito ahora?

-Tiene que ver con hacer lo que uno le gusta, yo creo, con pasarla bien, no estar estresada. Hoy yo siento que la gente cree que el éxito es como tener muchos seguidores, estar en el número uno de los streaming y ser números, todo es números. Y, no creo que ese sea el éxito. Para mí, no sé, por ejemplo, con lo que empezamos esta entrevista, para mí es un éxito el poder unir a la gente. Yo doy un concierto, en cualquier ciudad del mundo que me haya presentado, y veo una mamá, una abuela, una nieta, veo parejas del mismo sexo, veo metaleros, veo a un señor, todo tipo de gente. A lo mejor piensan muy diferente, pero se juntan ahí y eso hace un cambio. Eso, por ejemplo, es un éxito para mí.

Hace un rato mencionaste que sentías que no encajabas en ninguna parte ¿Cómo describirías esa sensación?

-Por ejemplo, cuando era chica me gustaba cierto tipo de música y para juntarme con los que escuchaban esa música, me tenía que vestir de esa manera y tenía que ser un poco falsa y mentir acerca de mis ideologías y, como no sé, si me quería juntar con los hip hoperos del barrio, tenía que ser de otra manera y actuar un estilo. Y de pronto, si quería juntarme con los que escuchaban un tercer tipo de música, tenía que actuar como ellos y me decía: “¿Por qué no puedo terminar siendo yo? ¿Si me muestro como soy, no me aceptarán en ningún grupo?. Y era horrible, porque finalmente mentía. No podía ser yo. Siento que la gente antes era muy separatista… Todavía, como nazis de la música. Yo digo: “A ver. Relájense todos. ¡Son canciones!”.

Y ahora les estás diciendo “Mirá…”

“¡Mirá de quién te burlaste!”. ¡Claro!-, responde riendo.

En algún momento fue súper difícil para ti. Has contado en varias entrevistas que en algún momento hasta pasaste hambre haciendo esto.

Pero todos ¿No?

De periodista me va súper bien, imagínate… ¿Qué otro camino habrías seguido si la música no hubiera funcionado?

El mismo. A ver, ahora tengo suerte de que doy conciertos y viajo, y va gente a los shows. Pero, es que yo canto desde los trece años. Yo canté en bares, canté en un circo, canté en todos los lugares que te puedas imaginar. Canté en la tele, después me fui a México, seguí en los bares, cantaba en el metro, y me la pasaba bien. A veces no tenía para pagar el arriendo, pero yo seguía trabajando en lo mismo. A lo mejor, lo más extremo y diferente que hice alguna vez fue dar clases de canto para compensar y llegar a fin de mes, pero siempre estuve en la música y siempre inventé canciones. Entonces, yo no veo el abandonarlo, porque al final lo que me gusta es crear canciones, tocarlas, cantar. Eso es lo que me gusta. Jamás lo habría abandonado. De hecho, la vida da muchas vueltas. Yo no sé, a lo mejor mañana alguien descubre que mi música, no sé, tiene un mensaje subliminal o alguna cosa, y adiós con la carrera, y yo voy a seguir haciendo lo mismo, hasta que ya no me lo pase bien.

¿Ese es tu límite?

-Claro. Si yo un día estoy tocando y digo: “Sabís que no siento nada con esto, estoy sufriendo”, voy a hacer otra cosa. Yo creo que ese es mi límite.

El pasado 9 de noviembre, la artista radicada en México lanzó “Norma”, su quinto disco bajo el nombre Mon Laferte.

PRIMAVERA ENTRECORTÁ

Dejar la vitrina de la televisión y partir sin nada más que su voz a México fue una de las grandes jugadas de Monserrat Bustamante. Aunque pasó varios episodios de angustia por no saber cómo llegar a fin de mes y tocatas callejeras en pocos le prestaban atención, ganó la apuesta. No sin antes sortear discriminación, cuestionamientos por ser mujer e interpelaciones incómodas.

¿Qué fue lo que te empoderó como artista y mujer?

Ha sido lento, de ir aprendiendo. Ha sido de golpes y porrazos, de observar, mirar y decir: “¿A ver? Creo que esto no está bien”. El ejemplo de otras mujeres también me ha servido. Mujeres que no necesariamente son del mundo de la música, pero que con su ejemplo digo: “Por ahí va la cosa”. Siempre estuve rodeada de hombres, haciendo música y al principio me pasaba que llegaba a algún lugar, sacaba la guitarra y era como: “¿A ver? Toca”. Me ponían a prueba. Tocaba, cantaba y el comentario era: “Ah sí, bueno, tocai bien para ser mujer”. Era horrible.

Subestimada totalmente…

Siempre tenía miedo, estaba insegura, sentía que no podía componer sola, que no podía tocar sola, que no podía acompañarme sola, pero la necesidad me llevaba a hacerlo, no me quedaba otra. Cuando me fui a vivir a México fue como “no conozco a nadie, tengo que hacerlo sola”. La necesidad también me hizo tomar fuerza para hacer las cosas sola. Pero hasta el día de hoy me pasa que alguien por ahí me pregunta y me dice: “Oye, ¿quién compone tus canciones?”. “Yo”. “¿Y quién graba tus canciones?” “Yo”. Muchos todavía creen que por ser mujer uno solamente se tiene que limitar a ser la figura, la imagen y no la cabeza de un proyecto.

“Creo que nunca he contado esto, pero cuando iba en primero medio me subí a la micro e iba un viejo al lado mío. El tipo se sentó cerca y se empezó a masturbar. Esto que te cuento son cosas que nos han pasado a todas… Cosas que nos pasan como mujeres, por existir”.

¿Y cómo se ha manifestado el machismo en tu vida?

Pucha, qué te digo. Es amplio. Desde pequeña, desde cosas en la escuela, que todos sabemos, los abusos, profes, en el trabajo.

¿Tuviste alguna experiencia en particular que te marcara con respecto a eso?

Muchas y bien brígidas. Estas son cosas como terribles, creo que nunca he contado esto pero cuando iba en primero medio me subí a la micro e iba un viejo al lado mío. El tipo se sentó cerca y se empezó a masturbar. Esto que te cuento son cosas que nos han pasado a todas. En México, una vez iba caminando en la ciudad de Veracruz y pasó un viejo también, me agarró el poto y yo iba con falda. Miles de cosas. Cosas que nos pasan, no como artistas, sino como mujeres, por existir. Y bueno, en la música también he tenido que lidiar un montón con eso. De pronto teniendo que estar en una reunión de trabajo para mostrar mis canciones y tener que observar mi ropa, pienso: “Pucha, a lo mejor no estoy vestida correctamente porque van a pensar que yo quiero como coquetear, entonces no, tengo mucho escote, me lo voy a tapar”. Una vez fui a una reunión de trabajo cagá de calor, con una chaqueta hasta acá (se toca el cuello), porque abajo tenía una polera muy delgadita y yo dije: “No puedo usar esto porque van a pensar otra cosa, voy a dar el mensaje equivocado y voy a perder la oportunidad de mostrar mi música”. Eso me pasó muchas veces.

Ahora, con todas estas herramientas que has adquirido en tu carrera ¿cómo peleas contra todas esas injusticias?

Lo que pasa es que ser una persona un poco más conocida hace que de pronto, la gente te tome más en serio. Cosa que no debería ser, pero así es. Entonces te ven con un poco más de seriedad, ya no como la niña que viene a buscar una oportunidad y de la que se pueden aprovechar. También creo que el mundo ha cambiado un poco, tal vez hay una seguridad en mí mayor, en cómo me enfrento. Por ejemplo, antes, había una cosa de querer caer bien. Entonces si alguien me coqueteaba era como: “Gracias, sí”, y me hacía la tonta. Ahora es que como que si yo estoy hablando acerca de trabajo o si alguien quiere minimizar mi trabajo o decir “no, es que eres mujer”, aprendí a poner un freno en el instante y decir: “No está bien esto que está pasando”. Hace un tiempo hubo una polémica, porque en una entrevista un tipo me hizo una pregunta súper machista y yo, la verdad, estaba enojada y había tenido un mal día, y estaba harta de las preguntas así y le dije: “Oye, espérate”. O sea, como que ahora ya no me da miedo decir lo que pienso. Antes me daba mucho miedo perder.

“No puedo tener empatía por la derecha, la verdad. Pensamos muy diferente”, dice Mon Laferte a The Clinic.

TE PARECES AL DIABLO

Nadie puede decir que es una mujer sin opinión. En su paso por Chile, hablará de Trump, de las esperanzas en el presidente electo de México, de la marihuana, del narcotráfico y del aborto. Todos temas que la encienden, que la convocan, que la indignan a rabiar.

Has dicho que en tus orígenes tú no estabas ni por asomo cercana a la derecha ¿Por qué la derecha no es una opción para ti?

– Es que no puede ser-, responde riendo. -Cuando me preguntan acerca del feminismo y del tema del aborto, pienso en por qué se siguen negando estas posibilidades. Todas las cosas con las que yo empatizo no son aprobadas por los gobiernos, porque justamente los que están en estos gobiernos que deciden son hombres, blancos y de derecha. Esta cosa conservadora -en donde la Iglesia está metida de por medio- como que no va a aceptar jamás el asunto de la legalización del aborto, de que las mujeres seamos libres, de que decidamos, que tengamos voz. Por eso no puedo tener empatía por la derecha, la verdad. Pensamos muy diferente.

¿El camino es la izquierda entonces?

Te voy a decir una cosa. Me siento mucho más cercana a la izquierda por varias cosas, pero también creo más en las personas que en un partido político, o corriente política. Ahora en México fueron las elecciones y por primera vez ganó un presidente de izquierda y va asumir ahora en diciembre. Me dio mucho gusto que ganara, porque creo en él. Creo en la persona. En México todos estamos un poco con la idea de que: “Puta, ojalá lo haga bien”. Pero más que ponerme una camiseta, necesariamente por la izquierda, como tal, creo en las personas. Si me preguntas si soy de derecha o izquierda, soy mucho más de izquierda por lo que ya expliqué, pero creo en la gente.

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Pocas horas después de esta entrevista la artista saldrá con guitarra en mano al Parque Forestal y repetirá la hazaña que realizó también en 2013 aunque sin la validación internacional ni el apoyo masivo. Cantará en formato acústico y ahora los asistentes gritarán: “Viva Chile”, orgullosos. El pueblo, la pobla, esa que ella conoce bien, llorará desgarrada las cuatro canciones que regalará esa tarde. Y una vez más brillará.