Natalia Valdebenito sale del clóset: “Sí, soy activista”

Por Alejandra Matus
En 2016 en el Festival de Viña del Mar, la debutante en ese escenario rompió un pesado tabú al declararse “feminista” y, sin embargo, arrasar en aplausos y premios. No había estallado el movimiento #metoo y su rutina estremeció el debate público, mucho más allá del cerco de las noticias de “espectáculos”. No obstante, en cuanto se bajó del escenario aclaró que lo suyo era una postura personal y que no planeaba ocupar ningún otro espacio que no fuera el escenario y su arte. Dos años después, se reconoce militante de la causa feminista. En esta entrevista nos relata su viaje, sus reflexiones y cómo sana las heridas que le causan la fricción con un sector de la sociedad chilena que no quiere escuchar ni de lejos eso de la igualdad de géneros.

Natalia Valdebenito me ofrece café, pan con palta y otras atenciones típicas de la hora de once para retomar una conversación que iniciamos hace dos años, cuando tuve la fortuna de que me concediera una entrevista para la extinta Revista Paula. No era divismo de su parte. De hecho, el artículo se tituló “la antifamosa”, porque la comediante resistió las presiones y cantos de sirena del momento estelar y rechazó contratos millonarios por publicidad y proyectos televisivos con tal de mantenerse fiel a sí misma. Por las mismas razones, decía allí, tampoco quería saltar del escenario viñamarino a convertirse en “líder” de la causa feminista. La sola mención de la palabra le parecía aburrida y engolada.

“El contenido de mis rutinas me sale en forma inconsciente. Me cuesta mucho hacer de John Lennon con el follow me. No hago talleres de stand-up porque no quiero evangelizar a nadie. Creo que el mensaje es súper de la calle, no me interesa canonizarlo. Me parece bonito que la gente se identifique con lo que una dice. Me gusta que nos riamos de nosotras mismas y hagamos catarsis. Riámonos fuerte, hagámonos notar, pero me preocupa que el mensaje se pueda manosear desde cualquier ámbito. Por eso me he corrido de la charla de mujeres de no sé dónde, de la portada de no sé qué. No quiero hacerme homenajes a mí misma. Solo quiero hacer bien mi pega y que se me llene el teatro, porque es mi forma de ser feliz. Quiero envejecer en el escenario. No hay más”, decía entonces.

Ahora reconoce: “Sí, soy activista”

¿Qué ha pasado? ¿Cambiaste de opinión? ¿Hubo algún hecho que te hiciera cruzar la barrera?

-No, no ha habido un momento en particular. Es simplemente la constatación de que dedico buena parte de mi tiempo a promover la causa feminista. No como una “líder”. Todavía no me gusta esa palabra. Si no como una más. Nos necesitamos a todas para superar la opresión que vivimos. Lo hago con mucho respeto, porque esta lucha la iniciaron mujeres maravillosas hace mucho tiempo y sin ellas nosotras no estaríamos aquí. De todos modos, me gusta mucho más ir a un conversatorio a Recoleta, piolita, que a un acto al GAM. Y todo lo que hago en ese campo, no lo cobro. Aunque podría, si quisiera, vivir de consultorías y charlas motivacionales que también aparecen como ofrecimientos. No. Mi trabajo sigue y seguirá siendo el escenario y para eso me preparo.  

¿Ha tenido algún costo asumir la defensa de una causa de un modo tan visible? ¿Cancelación de contratos?

-No, la verdad, no. El costo es el cansancio, porque tengo que dedicar tiempo a cosas que antes no hacía. Yo me preparo con mucha intensidad para cada presentación y después de las actuaciones quedo agotada, pero no me quejo, porque también conversar con mujeres y conocer sus experiencias me energiza, alimenta mis rutinas.

“Lo que espero es que los reconozcan, así como yo tengo que reconocer los míos: mujer blanca, a la que le va bien en su trabajo, con acceso a los medios, con un micrófono. O sea, yo, al lado de una afrolatina, tengo más privilegios que ella, y desde ahí me tengo que parar”.

¿No sientes que te quita libertad en el escenario? ¿Qué se anquilosa la temática?

-No. Todo lo contrario. Siempre he construido mi rutina desde lo que soy, de las experiencias que vivo, de los temas que me interesan. Es al revés. Aislarme empobrece mis recursos. Para mí, el activismo y mi oficio de actriz y comediante son dos polos que se nutren y se hacen cariño, mutuamente.

Afirmas que eres una más en la causa feminista, pero muchos fervientes opositores encarnan en ti la representación del mal y te atacan por redes sociales. Lejos de dejarlos pasar, muchas veces tú les respondes, los descolocas con un chiste que, me imagino, debe enfurecerlos aún más. ¿Has recibido amenazas serias? ¿Has tenido que tomar resguardos?

-Algunas amenazas han cruzado límites que han motivado acciones de parte mía que prefiero no revelar, pues hacerlo estropearía esas medidas. Pero sí. Ha habido situaciones que han despertado las alarmas entre la gente que me quiere y eso ha sido suficiente señal para mí para tomar ciertos resguardos. Lo bueno es que no estoy sola. Tengo una barrera de protección bien gruesa entre familia y amigos que me cuidan.

Estar expuesta a ese fuego constantemente debe ser desgastante ¿No te sientes vulnerable a veces?

-¡Siempre! Mi activismo nace desde la vulnerabilidad, de sentir el dolor de amigas mías que han sido abusadas, golpeadas por sus parejas, de compartir las humillaciones y discriminaciones de tantas otras que conozco a diario, de conmoverme con los femicidios. He llorado mucho, pero eso no es incompatible con hablar fuerte y claro.

UN GIGANTE EN EL CAMINO

En la primera entrevista que le hice para Paula, Natalia Valdebenito no quiso referirse a los abusos que ocurrieron cuando ella era integrante del Clan Infantil, aunque se lo pregunté. Le parecía que no podía hacerlo mientras las víctimas no se hubieran decidido a contar su experiencia ellas mismas. Con el paso del tiempo, lecturas, conversaciones con especialistas y los aprendizajes del movimiento #Metoo, la actriz y conductora cotidiana de su programa #CaféConNata en la radio “Súbela” decidió dejar de esquivar la pregunta. En una entrevista con Matilde Burgos, en CNN Íntimo, el 23 de septiembre pasado, admitió que “pasaron cosas que tienen que ver con la seguridad de los niños. No la mía, por eso también me cuesta meterme en ese tema, pero sí pasaron cosas que a todos en ese minuto nos dejaron como: ‘No quiero esto’. Y le puso un nombre: “Abusos”.

A la mañana siguiente, en el matinal de Mega, los panelistas, dos de los cuales formaron parte de ese semillero, Luis Jara y José Miguel Viñuela, junto a Ivette Vergara y a Karla Constant la acusaron de irresponsabilidad por relatar el hecho sin identificar al autor, sin hacer la denuncia a la justicia y por enlodar la imagen de un “programa tan querido” como el Clan Infantil y ad portas de la Teletón.

Una semana después, Natalia ahondó en el caso en su programa en radio Súbela, a través de una entrevista que le hizo Rayén Araya. Relató que un camarógrafo que estaba al cuidado de los niños del clan en un viaje a Puerto Montt, en 1989, los hizo participar en juegos de connotación sexual, los hizo masturbarse y les pidió que lo tocaran. Los propios niños denunciaron el hecho a las niñas, que estaban al cuidado de una de las madres, y a los productores. Recordó que todos los niños fueron reunidos e informados del episodio por los adultos, que la respuesta fue poner al agresor en un hotel, separado de los niños, pero que las grabaciones  continuaron con él por otros dos días, que el viaje de regreso a Santiago se hizo con él en el bus, y que una vez en la capital los padres fueron instruidos a mantener el episodio en silencio. Una segunda mitad del programa fue dedicado a entrevistar a la sicóloga Rafaella Di Girolamo, quien abordó, entre otros temas, las dificultades que tienen las víctimas para hablar de los abusos, aún décadas después de vivirlos.

Mario Kreutzberger partió diciendo que el tema “me hincha las pelotas”, por “la mala onda, porque estamos tratando de unir a toda la gente con la Teletón. Si esto pasó en el año 80 o el año 70, ¿tenía que salir en estos días?”. Más tarde se rectificó con una declaración más en sintonía con una asesoría comunicacional, señalando que su principal preocupación eran los niños y que, aunque nunca se enteró de una denuncia de abuso sexual en contra del camarógrafo, valoraba que la prensa abordara estos temas.

“Por mucho tiempo rehuí hablar de este tema, pensando que le correspondía a las víctimas directas hacerlo. No me reconocía como víctima también del abuso, de haber sido testigo de un hecho grave que sucedió a mis compañeros y después haber tenido que continuar relacionándome con el agresor. De haber tenido que callar”, dice a The Clinic. “No me daba cuenta que parte de lo que soy está también constituido por ese trauma”.

¿Perdiste la inocencia en ese incidente?

-Desde niña, nunca he sentido ese respeto reverencial a los hombres, por ser hombres. A los hombres que respeto, como a mi pareja, a mi padre, es porque se han ganado ese respeto. No porque tenga que concedérselos solo por el hecho de existir. Siempre he desconfiado de ellos y me alejaba si me miraban feo, si querían acercarse demasiado. Y creo que se lo debo a esto. A partir de ese momento me di cuenta de que los hombres eran peligrosos.

“No le tengo miedo a don Francisco. Tampoco me interesa la televisión. Me da lo mismo que me cierren puertas que ni siquiera quiero cruzar. Me di cuenta de su poder porque todos me empezaron a preguntar si no le tenía miedo. Pienso que aquellos que me previenen, que me dicen que debo tener cuidado, que me quieren asustar son los que están asustados”.

¿Cómo viviste la avalancha de críticas que te cayeron encima de parte de los “rostros”?

-Me sorprendió mucho la falta de empatía con esos niños abusados. Se trata de gente que tiene hijos y que no demostró siquiera un poco de curiosidad. No se preguntó qué pasó, ni la gravedad que tuvo. Me cayeron encima porque dijeron que yo quería enlodar la Teletón. Primero, eso es totalmente falso, porque es una institución a la que respeto. Segundo: ¿La Teletón, no se trata de los niños? ¿Cómo expresar preocupación por unos niños abusados en un programa de tele podría perjudicar a otros? Además, dijeron que esto ocurría “en los días” de la campaña ¡Pero si fue en septiembre y la Teletón es a fines de noviembre! Me dio pena porque revela que lo que más les importa en realidad es cuidar una imagen de un programa de televisión y de un señor, y no las personas que vivieron esos abusos cuando aún eran niños y estaban a cargo de adultos que, en vez de reparar el daño, los hicieron callar. Hay que recordar lo que era en ese entonces Sábados Gigantes, en dictadura, con dos canales de televisión. Casi todos los papás de los niños del Clan Infantil eran pobres. ¿A dónde iban a ir a reclamar? ¿Qué ley los iba a proteger?

“Por mucho tiempo rehuí hablar de este tema, pensando que le correspondía a las víctimas directas hacerlo. No me reconocía como víctima también del abuso, de haber sido testigo de un hecho grave que sucedió a mis compañeros y después haber tenido que continuar relacionándome con el agresor. De haber tenido que callar”, dice a The Clinic. “No me daba cuenta que parte de lo que soy está también constituido por ese trauma”.

Don Francisco, aparentemente aún es un factótum de la televisión local, y hay un listado largo de personajes, cantantes, que se convirtieron en parias en la industria local por cruzarse en su camino ¿No le tienes miedo?

No le tengo miedo a don Francisco. Tampoco me interesa la televisión. Me da lo mismo que me cierren puertas que ni siquiera quiero cruzar. Me di cuenta de su poder porque todos me empezaron a preguntar si no le tenía miedo. Pienso que aquellos que me previenen, que me dicen que debo tener cuidado, que me quieren asustar son los que están asustados. A mí, lo que siempre me preocupó respecto de este caso, era no pasar a llevar a las víctimas. No causarles más daño del que ya habían sufrido. A eso le tenía miedo.

¿Ellos se contactaron contigo?

-Lo único que puedo decir es que estoy absolutamente tranquila y confiada de que mis temores eran infundados. El silencio es una manifestación de miedo. Imagínate, si los rostros de la industria se me tiran encima, pidiéndome a mí cuentas por algo que viví siendo niña, que por qué esto y por qué no aquello. ¿Qué pasa con las víctimas de cualquier abuso que no tienen a su disposición el acceso a los medios que tengo yo?

ESTO RECIÉN COMIENZA

Una de tus temáticas recurrentes es la crítica a los medios. Una vez te negaste a participar en el concurso Reina Guachaca porque lo organizaba La Cuarta, entonces conocida por sus portadas misógenas ¿Te parece que los medios han evolucionado?

-Algunos tratan, pero les cuesta. Se nota en todo, en los temas que escogen, en las personas que entrevistan, en la forma como nos tratan. Es como si todo el tiempo estuvieran deseando que te aburrieras, que pasaras del tema y te metieras en otro. No entienden que esto recién comienza ¡No nos vamos a aburrir! ¡No nos vamos a cansar! La gente recién está empezando a hablar. Si bien la lucha feminista ha sido larga, no hemos logrado todavía conseguir los derechos que nos merecemos y si salimos a marchar, nos acuchillan y no pasa nada.

¿Qué lugar debieran ocupar los hombres en este debate?

-Yo reconozco que me da pudor cuando las mujeres tratan con tanta delicadeza al hombre, como si hubiese que calentarles el wáter para que se enteren de lo que está pasando. Me da pudor cuando dicen: “Es que los necesitamos también a ustedes”. Sí, se necesitan, pero siempre que reflexionen, siempre que hagan un mea culpa, como lo estamos haciendo nosotras. Porque una también hace su mea culpa de su propio machismo. Así sí. A un hombre que quiera discutir, que quiera ser emplazado tal como me emplazan a mí, de igual a igual, yo le doy la entrada. El que quiera romper con los moldes binarios, me hace más que feliz y me parece necesario, pero no los trataría con tanto cariño como para que no se vayan a sentir mal. Los hemos tratado toda la vida con ese cariño y cuidado, para que no se ofendan cuando pedimos nuestros derechos. ¡Me estai hueveando que para pedirte respeto tengo que pedirte permiso! Eso es muy injusto para nosotras, que hemos sido el género oprimido.

Me refiero al lugar deseable para el hombre imaginario. Por ejemplo, el que se desprende de sus privilegios…

-No sé si se van a desprender. Eso es tal vez pedirles demasiado, y lo veo en mis hombres más cercanos, a quienes amo mucho pero no se van a desprender de sus beneficios… Lo que espero es que los reconozcan, así como yo tengo que reconocer los míos: mujer blanca, a la que le va bien en su trabajo, con acceso a los medios, con un micrófono. O sea, yo, al lado de una afrolatina, tengo más privilegios que ella, y desde ahí me tengo que parar. Eso mismo me encantaría exigirles a los hombres, pero de pronto me pregunto para quién va lo mío, para quién va mi mensaje. Y siento que va para todes. No les hablo sólo a mujeres ni sólo a hombres. También le hablo a trans, a todos los gustos sexuales. Me gusta pensar en colores, me carga esta separación hombre/mujer tan fome ¡Me habría encantado ser lesbiana! Espero alguna vez arrepentirme de esta vida heterosexual. Yo no le estoy diciendo esto a los hombres. Más me gusta hablarles a las mujeres de reconocer el lugar en el que estamos y de ahí modificar nuestros espacios. Convencerlos a ellos, es hacérselo fácil y ya la han tenido muy fácil. Claro, agradezco que mi pareja no se declare feminista, pero sí viva como tal. Lo prefiero. El feminismo se hace, no se dice.

No es un slogan.

No. Se hace en la fila del banco, se hace aquí en mi casa, se hace en cómo yo trato a la persona que me ayuda con el aseo en mi casa, en cómo soy capaz de hacerla sentir digna. Compartir lo que uno tiene, todo eso es feminismo. No es solamente el género. Se trata de incorporar la noción de respeto a todos, de cortarla con los status y diferencias entre personas porque hay dinero en el bolsillo. Es romper con algo más que con el binomio hombre o mujer. Si tú sabes respetar al ser humano como tal, lo vas a respetar si tiene un perrito, aunque a mí no me gusten. Y lo mismo con un hombre, que por más que no me guste, lo respeto, y no voy a invadir su espacio y no le voy a hacer daño, tal cual a una mujer, a un niño. Respeto al ser humano integralmente, sin colores, de cualquier sexo.

La entrevista termina porque Natalia Valdebenito tiene que preparar las maletas para iniciar una gira de tres semanas por España e Inglaterra. Las funciones ya están vendidas. Un aro de descanso a los ataques en redes sociales. Pero a su regreso ya tiene preparadas una función de “Sin miedo” (el 4 de enero en el Teatro Caupolicán) y una gira por todo Chile, además de mantener su presencia radial y sus tareas como activista. Porque el augurio en su avatar sigue ahí: “Todos van a caer”.