Patricio Fernández: Escudero y chofer

Por Patricia Rivadeneira Video por Leo Piagneri
La actriz Patricia Rivadeneira estuvo muy cerca de los inicios de The Clinic y de alguna manera siempre se ha mantenido como una amiga y colaboradora. Aquí, con la excusa del aniversario número veinte, conversa con su amigo acerca de todo lo que ha pasado en estas dos décadas.

En 1998 yo estaba colaborando en la campaña de Ricardo Lagos, nos juntábamos en torno a una mesa a inventar ideas, a soñar con una democracia más solida, libre y participativa. En eso cae preso Pinochet y aparece The Clinic, un pasquín en blanco y negro que causó furor. Decidimos hacer un lanzamiento en La Perrera y me puse a organizar un desfile con diseñadores de vanguardia, actrices y actores. Pedí un auto que me acompañara a recoger los vestidos y ahí estaba en un autito rojo, un cabro con anteojos y cara de pajarón. Lo manduquié toda la tarde. “Bájate y recoge una bolsa con zapatos. Para más allá y espérame”… ese era Pato Fernández, mi chofer. Nos hicimos amigos. Pato ha sido también mi escudero en ciertas batallas comunes. Vi al Clinic crecer y desplegarse, siempre me sentí parte. Han pasado veinte años. Pato dejó hace unos meses la dirección del Clinic y me pareció que era un buen momento para publicar una conversación.

-Entonces, tú me decías Pato, que el número dos del Clinic fue el número uno.
-Sí, partimos adelantados.

-¿Quién cometió ese error? ¿Decía The Clinic número dos?
-No, es que el número dos no era tan grande. Decía por ahí, en vez de número uno, número dos. Y el responsable fui yo.

-¿Quién diseñaba el pasquín?
-Guillermo Tejeda. El Clinic partió haciéndose en calle Bustos, en La Máquina del Arte, que era una oficina de Guillermo Tejeda, diseñador talentoso y comprometido, en ese entonces, con la campaña de Ricardo Lagos y con la recuperación democrática; porque todavía estamos hablando aquí de otros tiempos, no de dictadura, pero todavía de mucho miedo.

-Claro, porque el Clinic parte veinte años atrás, cuando Pinochet cae…
-Preso en Londres.

-Y estábamos en la campaña de Lagos, donde estaba Marco (Enríquez-Ominami), donde estaba Rafa Gumucio.
-Donde estaba toda la gente que tenía algún tipo de aspiración progresista en esa naciente democracia.

-Queríamos a un socialista en el gobierno, queríamos al sucesor de Allende después de dos demócrata cristianos.
-Las esperanzas en este personaje eran muy altas y yo diría que también fue un combate llegar con él ahí.

-Después de una transición tan dura, pensábamos que con Lagos se iba a apurar el paso respecto de derechos ciudadanos, respecto de la institucionalidad, de un destape cultural…
-En ese tiempo, la pelea por Lagos para nosotros, los que hacíamos el Clinic, era en primer lugar exigir más tolerancia, apertura. Algo parecido a querer que la cultura se atreviera a más. Y sucedió. Eran tiempos en que había censura cinematográfica…

-Entre otras muchas, la palabra SIDA estaba prohibida.
-Vamos haciendo la lista, porque es bien importante. Había censura cinematográfica, no había ley de divorcio, en esa época hubo un gran litigio en torno al condón… Se hicieron campañas del condón que tenían una resistencia feroz de todo un mundo conservador, ése era el estado de cosas. Pocos años antes había salido una carta de monseñor Oviedo que se llamaba “Moral, juventud y sociedad permisiva”. Ahí hablaba de que en Chile había una crisis moral. ¡Crisis moral! Imagínate que ellos son los protagonistas de esa crisis hoy. La sodomía recién había dejado de ser delito y hoy día estamos ad portas del matrimonio homosexual. En eso cae preso Pinochet en Londres, nace The Clinic y se produce una gran ruptura con esa transición.

-Ahí le preguntan a Insulza cómo tiene hígado para defender a Pinochet y responde: “El Canciller no tiene hígado”.
-Todos los que creían que había que tener cuidado, estaban a años luz de nosotros, que queríamos festejar como energúmenos.

-Con el Clinic fue la primera vez que los chilenos nos reímos de Pinochet, porque seguía habiendo tanto miedo de los milicos que sacaban los tanques, que guardaban los tanques y cuando Pinochet cae preso en Londres nos sentimos lo suficientemente seguros como para poder reír. Es triste reconocerlo, era tan frágil nuestra democracia.
-Yo creo para nuestra generación la detención de Pinochet en Londres nos sacó de encima una presencia aterradora, un ser al que no se podía tocar. Hoy día no cuesta nada tirarle mierda a Pinochet, pero en ese entonces todavía se le rendía pleitesía. Fue como retirar una especie de presencia demoniaca, que provocaba respeto o miedo hasta en quienes más lo odiaban. Si el Clinic no pudo nacer en el año 80, sino a fines de los 90, fue porque Pinochet tuvo que ser alejado de la escena para recién entonces atrevernos a escupirle en la cara algo de lo que nos había escupido a nosotros. Por fin le pudimos faltar el respeto.

-El Clinic siempre reivindicó la sátira, reírse del cuco, poder reírse del hombre del saco.
-¿Sabes cuál creo que fue también uno de sus mayores logros? Que los hijos de esos que habían apoyado al cuco llegaran a reírse con nosotros. El humor consistía en la capacidad tremendamente corrosiva de no hacer el grito tan odioso, cosa que ahora está bien de turno, sino hacer el grito rabioso lo suficientemente sofisticado como para que, incluso ése que se sentía cercano a nuestro odiado no pudiera evitar reírse un poco con nosotros.

“Si el Clinic no pudo nacer en el año 80, sino a fines de los 90, fue porque Pinochet tuvo que ser alejado de la escena para recién entonces atrevernos a escupirle en la cara algo de lo que nos había escupido a nosotros”.

-¿Quieres decir que la derecha se rió con el Clinic?
-Un pedazo…Yo creo que la gente joven que iba surgiendo, de alguna manera sí. La vieja y la cómplice no, ésa sencillamente nos aborreció.

-Ya, pero ¿tú crees que Piñera se rio con el Clinic?
-Sí, sí. Yo creo que Piñera sí, por lo menos algunas veces.

-El Choclo Délano, no.
-No.

-Bueno, pero son de la misma generación.
-Son de la misma generación, pero no son lo mismo. Délano no se rio, pero los hijos de Délano quiero creer que sí; a lo mejor es mentira, no sé.

-Pinochet no fue el único enemigo.
-Yo diría que ni siquiera fue Pinochet el verdadero enemigo, si no el pinochetismo. ¿Quiénes eran pinochetistas? Toda la derecha de esa época, completa, de punta a cabo. Y quienes digan algo distinto de eso, mienten.

UN PASO AL COSTADO Y OTRAS HIERBAS

-Pensando en el presente, Patricio Fernández se retira del Clinic, noticia que todavía no hemos visto muy publicada.
-No me retiro del Clinic.

-Dejas la dirección del Clinic. Por muchos años firmaste como director espiritual ¿qué significaba? ¿Habrá una vuelta del director espiritual?
-No, no habrá ninguna vuelta. Fui eso que se llamó “director espiritual” porque a alguien se le ocurrió y lo dejamos. Alguna vez los directores espirituales fueron respetados y hasta admirados, hoy vemos que han caído en la más grande de las vergüenzas. Hoy no podría dirigir nada, porque me siento en el más absoluto extravío.

-Se celebran veinte años del Clinic y tú dejas a tu criatura. Al mismo tiempo publicas el libro Viaje al fin de la Revolución, una revolución que de alguna forma el Clinic también admiró o quiso comprender. Tanto quisiste comprenderla que te fuiste a meter en ese tremendo lío. ¿Me entiendes? ¿Cómo se juntan todas estas cosas?
-Yo creo que está terminando una era importante y grande en América Latina, una esperanza fracasada, y lo que quise contar en ese libro es cómo se vive en la gran catedral de esa fe: la Revolución, los últimos estertores de una creencia. Pero el fin de la revolución implica mucho más que la muerte del comunismo. Implica también la derrota de un proyecto político que priorizaba la comunidad y, lo que me parece más inquietante, la desaparición de una alternativa, de otra posibilidad, de un escape mental. En Chile tampoco tenemos muy claro que cosa tan diferente propone la izquierda. El socialismo ya no existe como propuesta seria. Hasta nuevo aviso y con mayor o menor gusto, somos todos capitalistas, incluso aquellos que se indignan cuando se les dice. Alguna vez el socialismo tuvo bajo su órbita más de la mitad del mundo, hoy hasta la China comunista es capitalista.

-¿Y en el Clinic?
-La generación que partió con el Clinic no es exactamente revolucionaria, es una generación que vio de cerca la revolución, que alcanzó a vibrar con su emoción, a saber de qué se trataba desear eso y alcanzó a sentir complicidad con ese deseo, no sé si con ese proyecto político, porque en Chile eso se cortó literalmente de golpe en 1973. Eso que se terminó en el 73, terminó de terminarse en el 88 con el triunfo del NO. Acuérdate que recuperamos la democracia junto con la caída del muro de Berlín, con el fin de la Unión Soviética.

-Que es una cosa loca, como para estudio astrológico.
-Muy impresionante. Hubo dos grandes noticias en el mundo ese año: la caída del muro y el fin de Pinochet, y yo tengo la impresión que el Clinic eso lo entendió, o mejor dicho, lo encarnó. Terminaron dos historias inmensas, una en nuestras vidas y otra en nuestras ilusiones. Ahora el Clinic tiene que jugar otro partido y reinventarse sin nostalgias, y me tiene muy contento que quienes lo están encabezando sean mujeres, un equipo joven que no forma parte de estas historias de las que estamos hablando nosotros, sino que forma parte de una historia que viene y que no comparte, seguramente, las mismas preocupaciones que yo, porque el periodo que termina se lo llevará uno en sus recuerdos. Pero, esa idea de que el mundo podía optar por la comunidad por sobre el individuo, donde uno no era todo, sino que uno con los otros era más completo que uno solo, ese tiempo termina… hasta nuevo aviso.

-Hiciste antes otro libro, la Calle me distrajo, que hablaba de la irrupción de un movimiento social que parecía ser como los de antaño.
-Hice un libro sobre ese movimiento que me encantó y además me distrajo de la separación que por esos días estaba viviendo. Pero después me defraudó, porque yo creía que en ese movimiento estudiantil se estaba generando un movimiento político colectivo y me doy cuenta que van a pasar muchos años hasta que eso vuelva a suceder. Entonces, nos vamos a tener que administrar y ver cómo nos las arreglamos con peligros más inmediatos. Ahí están los neofascismos habitando, a veces, incluso en los criterios de la izquierda, que de pronto parecen muy cercanos a los de la extrema derecha. En las redes sociales cuesta distinguirlos. Hay que volver a poner la pelota en el suelo y reflexionar acerca de qué se trata la comunidad humana que queremos, volver a ver los matices, entender el pecado, el error como parte de las posibilidades entre nosotros en vez del juicio tajante. Ahora nos toca enfrentar nuevos problemas y a mí me contenta dejar el Clinic en este minuto para que lo reinvente, lo rehaga, lo reconstituya y lo recree otro mundo de gente. Una vez le preguntaron a André Breton por qué había terminado el movimiento surrealista y contestó que porque ya nada escandalizaba a los franceses. Eso por lo que The Clinic luchó en su primera etapa ya es patrimonio de todos. O de casi todos.

-Entonces ahora qué.
-Bueno, me parece importante decir que creo que este Chile, en el que el Clinic se vuelve a inventar, no es un Chile que esté viviendo un momento dramático. Creo que es un Chile que comparado con otros países del mundo y con los de la región tiene muchas cosas que cuidar. Lo que sucede es que nunca un alma joven, progresista y con deseos transformadores puede llegar a satisfacerse con el estado de cosas en que habitan y, por lo tanto, jamás nunca se puede contentar y tiene que saber y descubrir y estar buscando constantemente razones de inconformidad. Pero dicho eso, esa inconformidad que está en la esencia del Clinic, digamos, no lo puede confundir tampoco, porque de pronto puede llegar a ocurrir que esa inconformidad se vuelva cómplice del horror al estar más atenta a sí misma que a las amenazas que surjan a su alrededor, como las nuevas intolerancias.

-O la banalidad.
-O la banalidad. Lo cierto es que The Clinic está condenado a la juventud.

-A la eterna juventud.
-Sí. Ese es un punto bien importante, el Clinic es joven, no puede envejecer con nadie.

-Pero sí contenía voces maduras, siempre las ha mantenido en su staff.
-El Clinic que me tocó a mí fundar y dirigir también salió a buscar una historia perdida. O sea, era joven pero quería recuperar padres y abuelos. Quizás más abuelos que padres. Se emparentó con Nicanor. Aunque no lo tuviéramos claro, veníamos de los Quebrantahuesos y nos importaba ser parte de la historia de la cultura chilena. Y si me apuras, te diría que especialmente de la poesía chilena. Raul Zurita, Maquieira, Bertoni, Bruno Vidal, Germán Carrasco… han sido colaboradores cercanos. Y también los artistas plásticos, algo que sería largo enumerar aquí.

“El Clinic es joven, no puede envejecer con nadie”.

-Una revista cultural y satírica.
-Siempre ha sido una revista cultural. Creo que fue la revista cultural que Chile tuvo en los últimos 20 años. Deshilachada, destartalada, barrial y más política que académica, como ha sido siempre la cultura chilena.

LA PRENSA Y THE CLINIC

-En este tiempo hubo otro varios medios importantes haciendo esfuerzos por existir como Rocinante, Noreste, radio Tierra… ¿Por qué el Clinic lo logró? Quiero preguntarte sobre lo que significa sostener un medio en un país donde no hay financiamiento estatal y…
-Mejor digamos que hasta aquí lo va logrando. Y de algún modo somos parte de una comunidad que abarca todos esos medios que nombraste y otros que seguramente se nos quedan en el tintero, como radio Bio Bio, que ahora está en la cresta de la ola. La familia de los medios independientes, que viven a pulso. No sé cómo hemos conseguido sobrevivir. Quizás de milagro, quizás gracias al talento de Pablo Dittborn, quizás gracias al entusiasmo de muchos. Cuando nació The Clinic, uno de los temas más recurrentes de la transición era la concentración de medios en manos de la derecha. Lo que entonces se llamaba “el duopolio”.

-¿Y ahora cuántos hay?
-Ahora los mega grupos de prensa escrita conviven con un mundo de medios digitales, con las redes sociales. Ya no son los dueños de la noticia como antes, cuando podían decidir qué se sabía y qué no. Incluso podían inventar o acomodar informaciones y no había modo de desmentirlos. Hoy el problema es casi el contrario: rondan tantas voces y versiones, que el nuevo problema de la democracia no es la concentración mediática sino saber en quién confiar.  Hoy todos los medios tienen problemas económicos.

-Si, por eso digo. ¿Cómo fue que lo hicieron ustedes?
-El Clinic tuvo una particularidad que desapareció: durante años nadie cobró un sueldo. Si se pagaba, era poquísimo. Vivíamos todos de otras cosas y se colaboraba por amor al arte, por la causa, por pasarla bien.

-¿Quiénes eran? Hagámosles un homenaje.
-En los comienzos, Tejeda y Pato Pozo, que diseñaban. Guillermo Hidalgo, que fue un editor fundamental. El Rafa Gumucio, Ángel Carcavilla, Peirano, Guarello, Álvaro Díaz; esa generación que venía de la Rock &Pop. En su momento Roberto Brodsky, en algún momento Nibaldo Mocciatti. Enrique Symns cobraba para cubrir sus necesidades básicas… quiero decir que el Clinic no se hacía por dinero. Ninguno hacía esto para ganarse la vida. Lo dije mal, con esto no era que ganáramos plata, pero nos ganábamos la vida. O sea, este era un asunto que había que hacer, esto era lo que importaba. Esto no se pensaba y nadie se sentía bueno por hacer esto.

-Ya habían desaparecido hartos medios en los que tuvimos esperanza, como La Época, la revista APSI.
-Había desaparecido La Época, pero hay que recordar una cosa, el Clinic al comienzo estaba muy lejos de pretender ser un medio de comunicación. Era una performance, un panfleto, un happening. Reunía gente que estaba más bien vinculada con la creación y la cultura que con el periodismo. A partir de cierto momento, digamos, esto se vuelve…

-Profesional.
-Se va profesionalizando.

-Más o menos.
-Más o menos, aylwinisticamente, en la medida de lo posible. Son Juan Andrés Guzmán y Pablo Vergara quienes le incorporaron el periodismo y más tarde Andrea Moletto, que le dio una vuelta de tuerca con modernidad y rock and roll.

-Entonces empiezan a cobrar, se llenaron de lucas.
-Nunca jamás. Es que es verdad, era nuestro sueño, pero nunca jamás.

-¿En algún momento lo pensaron?
-Bueno, en noches de desvelo al menos yo me lo imaginé.

-¿En noches de desvelo? En noches de jarana querrás decir. Había que estar bien pasado para pensar que ibas a ganar plata con el Clinic
-Y era harto el hueveo. Hay que decir que en el Clinic hubo un tiempo en que nada nos indignaba más que el control, nada nos gustaba menos que la mesura, nada nos resultaba más hostigoso que lo que los papás les pedían a los hijos y precisamente eso era lo que no queríamos hacer.

-¿Y me vas a creer que ahora en Las Condes no se puede fumar en los parques?
-Qué barbaridad. Me dicen incluso que a los millennials les molestan los curados ¿Será verdad? Que juzgan, ¡oh, estos curados! Nosotros jamás. Despreciábamos la compostura.

-Pero los millennials se drogan bastante.
-No sé. ¿Son drogones?

-Montones.
-Pero igual noto mucho juicio, demasiado.

“Me dicen incluso que a los millennials les molestan los curados ¿Será verdad? Que juzgan, ¡oh, estos curados! Nosotros jamás. Despreciábamos la compostura”.

-Sí, mucho juicio, mucha moral. Hay mucho querer aire puro, mucho querer no morirse, tener vida natural, como si el cáncer no fuera natural. O sea, no sé, todo es natural hueón, ya. Las enfermedades son naturales, los terremotos son naturales
-Y mucho querer ser bueno y alejarse de lo malo.

-Volvamos, Pato, a lo anterior. Hay una crisis económica en los medios de prensa que no da lo mismo, porque la gente se puede informar en cualquier lado y la mayoría de esos lados son como las huevas y lo confunden todo, no saben quién es quién, cualquier huevada que publiques en Facebook se toma como una verdad. Eso es una crisis. Y también hubo una crisis en el Clinic.
-Es que, a ver, vamos por orden. Hay una crisis muy fuerte en el periodismo ¿Por qué? Porque estamos habitando un mundo donde puedes emitir cualquier opinión y el medio de evaluación se mide básicamente por un me gusta o no me gusta… nada más lejano del rigor periodístico. El periodismo no está para decir cosas que a la gente le gusten, el periodismo está para decir cosas que acontecen le guste o no a la gente, porque a ti te puede gustar o no gustar determinado individuo, por ejemplo, pero al periodismo le puede corresponder decir que el hijo de puta dijo la verdad y el luchador mintió, si así lo demostraran los hechos. Es decir, el me gusta o no me gusta es un enemigo mortal del periodismo. El peligro de la presión de los avisadores, que nunca sufrió el Clinic porque muy pocos avisaban con nosotros, está siendo sustituido por el peligro de la presión de las audiencias, porque ahí donde hay mucho “me gusta” es donde actualmente está la plata.

-No ganaste dinero pero sí ganaste prestigio y te acercaste a las cúpulas del poder.
-No sé, pero sí te puedo decir que el director de un medio de comunicación necesariamente debe rondar los territorios del poder y saber lo que pasa ahí. Si se engolosina y abandona su independencia de juicio, mejor que renuncie al periodismo y funde una agencia de comunicaciones estratégicas. Mientras mayor es el poder, mejor se protege, y para dilucidar sus estrategias, para conocer sus secretos, para entender el funcionamiento de su maquinaria, que es la que determina la vida de millones de personas, resulta fundamental mirarlo de cerca.

EN LO PERSONAL

-¿Quién era el Pato Fernandez que fundó el Clinic y quién es ahora? ¿Cómo ves el camino, en qué te transformaste? Yo me acuerdo que antes eras flojazo o mejor dicho le hacías el quite al cansancio ¿Añoras eso?
-Mira, una vez estaba en el Amazonas, cerca de Rio Branco du Sul, en un lugar llamado Mapiá, donde tomé ayahuasca por primera vez. Y ahí, en medio de la voladura, mientras todos los demás trabajaban como enanos, me cayó encima una pregunta cósmica, como la que el oráculo de Delfos le hizo a Sócrates: “¿quién eres?”. Tras mucho darle vueltas al asunto, mientras pasaban frente mío montones de imágenes delirantes, encontré la respuesta: “un flojo”. Entonces me gustaba más contemplar que hacer. No es que se me haya quitado, pero parece que en este tiempo aprendí a trabajar. Y no me enorgullezco para nada. Durante algunos meses, una de mis obligaciones santiaguinas era acompañar al Rafa Gumucio a la peluquería.

-¿Qué ha significado para ti convertirte en una persona famosa?
-Yo no soy famoso, soy famosillo. Tú, Patricia, eres famosa.

-No, yo soy célebre.
-Tienes razón, y yo quisiera ser como tú.

-¿Te ha dado miedo o pena cuándo te agreden por las redes?
-Al comienzo sí, pero me acostumbré.

-¿Y cuando te tiraron una hamburguesa en la calle?
-Eso sí que fue muy desagradable. Fue en el bandejón central de Vicuña Mackenna llegando a la Alameda y nunca entendí por qué esa joven estaría tan furiosa conmigo. Bueno, esto de andar furioso de repente se puso de moda. La indignación como valor.

-Cuando cayó preso Pinochet, estábamos en esta tremenda campaña de Lagos, nos juntamos alrededor de una mesa y ahí ustedes llegaron con esta idea del Clinic. ¿Qué fue lo que pasó cuándo se descontinuó el Clinic, ese primer año?
-El Clinic dura ocho números vinculado a ese laguismo de la campaña, hasta que pusimos una infografía que analizaba el dedo de Lagos y se lo agarraba para el hueveo.

-Me acuerdo que quedó la cagada, se pelearon todos con todos.
-Se pelearon todos con todos y el Clinic fue despedido del comando.

-Eran muy cartuchos.
-Más que cartuchos eran muy temerosos, todo era muy calculado.

-A mí me tenían pánico, a mí no me querían nombrar por ningún motivo agregada cultural, tuve que armar unas pataletas y eso que ya habíamos ganado.
-Sí, me acuerdo. Y me acuerdo que también sacamos unas calcomanías hueveando a Hasbún y quedó la cagada y ahí Tejeda me presenta a Pablo Dittborn. Él era un editor que venía llegando de Argentina, y era una onda completamente distinta de lo que estábamos acostumbrados aquí, de una libertad de espíritu muy inusual. Después apareció otra cosa que dejó la cagada, algo sobre un sueño erótico que tenía Joaquín Lavín al interior de un sauna con Jaime Guzmán.

-Pero, nada más natural…
-Natural. Y eso dejó una cagada tan grande que días después que salió esa historia a mí me tocó ir a un matrimonio de un pariente UDI y en ese matrimonio se me acercó el “Choclo” Delano y Allan Cooper y me aforraron un cornete. Y al día siguiente esto salió en los diarios y desde entonces Pablo Dittborn decía que cada vez que bajaran las ventas me tenía que conseguir alguien que me sacara la chucha porque subía el tiraje. Era raro, porque a fines de los noventa la dictadura no había terminado del todo.

-El Clinic movió la brecha respecto al humor político porque antes era un humor político bien cartuchón, tanto que el Clinic fue censurado, por la propia campaña de Lagos donde nació.
-Mira, se movió la brecha del humor político y yo creo que el Clinic… y esto, yo creo, que lo podemos decir todos los que hemos participado de esto con mucha modestia, movió la cultura chilena, y en muchas cosas. Porque mira, el Clinic no tenía para contratar a nadie y llegó el primer grupo de alumnas en práctica.

-¿Todas mujeres?
-Todas mujeres.

-¿Y quién las escogía?
-Guillermo Hidalgo y yo. Y entre las cuales estaba la Lorena Penjean, que es la actual directora del Clinic, que es de la primera oleada de alumnas en práctica que llegó al Clinic. Que, dio la vuelta al mundo, aprendió todo de lo que ni sospechábamos los de ahí, y llegó con las ideas de lo que esto podría ser para convertirse en algo mucho mejor de lo que ha sido. Pero sí, se movieron mucho los márgenes de esto. Nosotros, de alguna manera, inventamos los primeros memes. O sea, nuestras portadas fueron los primeros memes que existieron. Por eso es que hoy día esto se tiene que volver a pensar, porque lo que nosotros hicimos fue vanguardia y hoy día no. Y es ahí donde está el reto de reinvención del un nuevo equipo, de la gente que está hoy día a cargo del Clinic, porque, hay que  dejar que sean los nuevos presentes los que se apropien de esto. El Clinic es por esencia un medio joven y los jóvenes tienen que hacerse cargo y ser dueños del Clinic en el periodo que sigue. Yo les deseo lo mejor, va a ser lo que ellos quieran.

“Nuestras portadas fueron los primeros memes que existieron”.

-En esta lucha contra la censura y por tener mayor libertad, lentamente el mundo de la política se acostumbró al Clinic.
-Yo te voy a decir algo y esto es un gran dato respecto de lo que tú me estás preguntando. Nosotros vivimos demasiado tiempo con el adjetivo de irreverentes, eso desapareció, ya a nadie se le dice irreverente. El Clinic era irreverente, palabra que tú conoces muy bien y la viviste, también con intensidad, pero ¿a quién le dicen hoy día? ¿Qué viejo momio le dice hoy día a un joven vanguardista irreverente?

-Imagínate como la iglesia católica nos condenaba por irreverentes, yo los critiqué abiertamente desde muy joven, cuando inicié mi carrera y me gané todo tipo de castigos.
-Bueno, imagínate. Nosotros nos dedicamos a decir cosas de la iglesia católica hace veinte años y por las cuales nos trataban pero de la manera más ofensiva, más peyorativa, faltas de respeto. Y de repente hoy día estamos todos de acuerdo en que aquí hay un escándalo.

-Y estamos volviendo a lo más oscuro, cuando llegan al poder los nuevos fascismos.
-Claro y yo lo que le deseo al Clinic, y esto lo digo ya desde afuera y entendiendo que esta es una historia que ya se larga sola, lo único que le pido es que sepa siempre mantener la lucidez de la incorrección. Y la lucidez de la incorrección nunca está de acuerdo con las mayorías  de golpe y porrazo, o sea, mantiene una duda, una sospecha ante lo políticamente correcto. Siempre se hace preguntas y no considera, por ejemplo, que siempre las víctimas, las que se aparecen como víctimas son los buenos. No, se lo pregunta diez veces, se pregunta veinte veces y treinta veces antes de llegar y apuntar con el dedo y juzgar a un culpable. Eso se lo deseo hasta la vida eterna, que no caiga nunca en el juicio rápido. Y joder mucho a los nuestros, siempre. Siempre joder a los nuestros y eso es algo que no hay que perder.