Chupete Aldunate on line

Por Chupete Aldunate

El mundo melipillano es de lo más entretenido que hay, aunque también es algo peligroso. Pero poco me muevo del campo así es que esas bandas de delincuentes alimentadas por los marxistas del gobierno y los pobres cesantes que se tienen que dedicar a tomar y armar escándalos nomás, los tengo lejitos, gracias a Dios. Aquí se respira el pasto en la tierra y no la pura tierra como en Santiago. La cordillera está nítida y cercana, aún en estos días grises y lluviosos.
Con Leonor hemos caminado como creo que no hacíamos hace años y nuestro amor se ha fortalecido. Hasta he vuelto a montar a caballo después de mucho tiempo, pero tuve mala suerte porque la bestia que me puso don Erasmo se asustó con una lagartija (parece) y me tiró para atrás, y mi pobre esposa, que cabalgaba tan suavemente un poco más adelante –qué elegante se veía-, se imaginó lo peor cuando me vio en el suelo con mi chaqué blanco todo entierrado y yo creo que medio aturdido al principio. Traté de hacerme el valiente diciendo que no me había pasado nada, pero parece que algo me pasó. Me vinieron a ver todos los huasos del campo y en tres días estuve con todos mis hijos y mis nietos -algunos viajaron desde Estados Unidos sólo para verme-.
Hasta que una semana después apareció el doctor Del Río y me examinó. Tengo dos costillas rotas y uno de esos hematomas en la cabeza. No creo que sea nada grave, pero el pobre don Erasmo –mi capataz-, no sabe cómo disculparse; hasta le pegó un balazo en la cabeza al animal en frente de mí, para que yo viera que su lealtad es en serio. Era su potro favorito y probablemente la gente que vive en la ciudad no sabe lo que eso significa para un buen campesino, un hombre de la tierra. Pero, de todas maneras, qué quieren que les diga, me sentí como en la revolución mexicana, qué atroz. Le dije a don Erasmo, que no se complicara, pobre viejo, pero a mí esto me huele a atentado. Estoy casi seguro que alguno de estos huasos que circulan por aquí no es de los trigos muy limpios y capaz que sea amigo de la ministra de Defensa o de algún otro comunista del gobierno.
Me he dedicado a leer en cama, mientras Leonor teje cosas para nuestro primer bisnieto que viene en camino. Yo que he sido un hombre de trabajo toda mi vida, nunca había reparado en estas cosas. Pero por Dios que teje lindo mi mujer. He pensado, un poco tristemente, que no he sido el abuelo querendón que debí ser con mis nietos, que fui quizás demasiado severo, pero con este bisnieto que viene en camino, podré chochear como corresponde.
A pesar del porrazo, me siento rejuvenecido. Me gusta la luz tenue de la habitación -el doctor Del Río dijo que no debía exponerme demasiado a luz por unos días-, me parece tan serena y ver a Leonor en esa penumbra me la sitúa como en un sueño y me vuelvo a sorprender con esa belleza que hacía que tanto diablo la cortejara por allá por los cuarenta. Mientras teje, la he visto o imaginado o soñado, ya no lo sé muy bien, bailando, tocando el piano, enseñándole a mis hijos. Disculpen tanta melancolía. Pero estoy tan lejos, estoy tan dichoso, que las roterías que hagan los marxistas del gobierno han terminado por importarme un soberano rábano.