Elena Pantoja: Una respuesta a nuestra propia historia

Por Elena Pantoja

Podrán amarlo u odiarlo. O las dos cosas al mismo tiempo (a todos nos ha pasado). Decir que tuvo tiempos mejores, que está entero cagado o que estos últimos meses ha repuntado. La cosa es que un medio de comunicación que nació en plena transición cumple 20 años. ¡Dos décadas!

Todo un logro si pensamos que la llegada de la democracia y los largos años de la transición fueron una verdadera guadaña para tantos medios de comunicación: el emblemático Fortín Mapocho; publicaciones de comic político como El Loro o Topaze; La Época y más adelante se acabaron El Metropolitano y Siete +7, sin contar la terrible decisión de Piñera de acabar con la versión en papel de La Nación en 2010.

El nacimiento de The Clinic fue tan impensado como la situación que lo gestó. En 1998 detienen a Pinochet en Londres mientras estaba internado en una clínica llamada como se titularon estas páginas, algo que parecía una tomada de pelo para quienes nos enteramos y al fin pudimos creer en lo imposible. Al igual que este pasquín, nadie pensó que duraría mucho, pero Pinochet estuvo 503 días detenido en Londres gracias a las acciones del juez Baltazar Garzón, quien finalmente nos dio lo más parecido que hemos tenido a la justicia divina. Fue la única vez que Pinochet estuvo en manos de la justicia (no de la chilena).

El de 1998 era un Chile que recién descubría internet, un país en el que los que tenían teléfono celular pagaban tanto por las llamadas que hacían como por las que recibían y a unos costos imposibles, por lo que siempre eran breves. Y era un Chile que todavía tenía miedo a cualquier acción de los militares, aún estaba fresco el recuerdo del “Boinazo” de 1993 en respuesta a una publicación justamente de La Nación sobre los llamados “pinocheques” de Augusto Pinochet Hiriart. Era un Chile con hambre de justicia y con miedo a las consecuencias, en el que la democracia se manejaba el freno de mano puesto.

He escuchado muchas veces la historia de cómo se gestó The Clinic. Supongo que cuando imprimieron el primer número nunca pensaron que llegarían a los 20 años y menos que tendrían bares con su nombre repartidos por todo Chile.
Y repito: les guste, lo odien o todas las anteriores, The Clinic permitió grandes reportajes, una oportunidad a las mejores plumas –periodísticas y literarias- que han pasado por nuestro país y la capacidad de volver a reírnos hasta de nuestras desgracias, porque cuando nos quiten la capacidad de reírnos de nosotros mismos ya no tendremos por qué luchar.

En estos 20 años, la modernidad llegó al periodismo, los soportes se volvieron digitales y comenzó el cierre de secciones de diarios tradicionales y el surgimiento de medios web. Con todas las posibilidades que existen de fundar medios digitales, queda claro que el contenido siempre será más importante que el soporte, una de las claves para sobrevivir. Sin embargo, hoy hay que explicar por qué un diario chileno tiene un nombre tan inglés y la respuesta no es que somos los ingleses de Latinoamérica. The Clinic es una respuesta a nuestra propia historia, que comenzó de pura casualidad: en otro país se trataba de juzgar a Pinochet y había que hacer “algo”, mientras nuestros tribunales no entendían nada, los medios se cerraban y comenzaba la hegemonía de los grandes conglomerados. Un grupo decidió que había que publicar lo que no se imprimía en otro lado. El resto es historia.

*Periodista.