LOS FANÁTICOS NO TIENEN HUMOR

Por Rasmus Sonderriis
EN FEBRERO QUEDÓ LA GRANDE EN EL MEDIO ORIENTE POR 12 CARICATURAS DE MAHOMA. FUE INCENDIADA LA EMBAJADA DANESA EN DAMASCO. LAS LLAMAS DEL ATENTADO CAUSADO POR LOS DIBUJOS SATÍRICOS ALCANZARON A QUEMAR TERRITORIO CHILENO. LOS CONSERVADURISMOS DE IZQUIERDA Y DERECHA CONDENARON A CORO LOS CHISTES, PASANDO POR ALTO LO DESPROPORCIONADO DE LA REACCIÓN. IRÁN, INCLUSO, LLAMÓ A UN CONCURSO DE CARICATURAS SOBRE EL HOLOCAUSTO. LOS RESULTADOS RECIÉN SE CONOCERÁN EL 15 DE MAYO. DICEN QUE LA FE MUEVE MONTAÑAS. PARECE QUE ES CIERTO: TIENE A MEDIO MUNDO TEMBLANDO.

“¿Qué harán ahora los musulmanes?”, se pregunta angustiada la prensa de Dinamarca. “¿Otra ronda de quemar banderas y embajadas danesas? ¿Más amenazas de bombas, o un ataque de verdad?” Se impuso la alerta roja luego de que la justicia absolviera de responsabilidad penal al diario de provincia, Jyllands-Posten, cuyas caricaturas del Profeta Mahoma recurrieron el mundo, provocando una crisis internacional elevada a la categoría de “choque de civilizaciones”.

“Lo llevaremos a la Corte Europea y al Comisario de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos”, contestaron los demandantes. Personeros de esos organismos ya han aludido a lo ilegal de las caricaturas, pues “la religión” tiene rango similar a “la raza” en la cada vez más extensa legislación supranacional sobre derechos humanos. Una caricatura racista sería claramente penalizada, también por la ley danesa. No obstante, a diferencia de la raza, la religión también es una ideología, con tremendo poder sobre la gente. ¿Eso no se puede satirizar? ¿Puedo proteger legalmente mis ideas de ser burladas, invocando al Todopoderoso?

“La libertad de expresión está bien, ¡pero no se metan con Mahoma!”, reza un protagonista en el revuelo mundial, el imán Ahmad Abu Laban de origen palestino. Hace 22 años este barbudo predicador, casado con su prima, padre de siete hijos, obtuvo su permiso de residencia en Dinamarca porque faltaban guías espirituales para los musulmanes, principalmente de procedencia árabe, kurda, turca, bosnia, pakistaní y somalí, que hoy suman 200 mil entre los 5 millones de daneses. Siendo que los 1.200 millones de musulmanes en el mundo no acostumbran leer diarios daneses, fue Abu Laban quien se encargó de difundir las caricaturas en una gira por Medio Oriente. Y por si acaso no ofendieran lo suficiente, agregó otros tres dibujos, como el de un humano con cara de cerdo, un supuesto retrato del Profeta (pero luego identificada como imagen del archivo de Associated Press, sin referencia al Islam). Sin salirse del ideario zoológico, Abu Laban califica de “rata” a Nasser Khader, otro inmigrante de origen palestino, fundador del movimiento “Musulmanes Democráticos” y tan popular entre los daneses que lo han elegido al Parlamento.

“Cada vez que Abu Laban abre la boca, la derecha anti-inmigración sube en las encuestas”, se lamenta Nasser Khader. Explica que las caricaturas han sido usadas en una “lucha interna por ser Míster Islam en Dinamarca, para atraer fondos de Arabia Saudita”. Atribuye los disturbios en países musulmanes, incluido el que quemó la embajada chilena en Siria, a una manipulación política, un concurso de indignación simulada para enarbolarse en la causa islámica, sobre todo entre los gobiernos bajo presión interna de opositores islamistas. Nasser Khader rechaza que la ofensa causada haya sido tan lógica y previsible. Sólo los musulmanes sunitas, no los chiítas, prohíben la ilustración del Profeta, y es para evitar la idolatría, no para prevenir los insultos.

Como sabe todo escolar, quien monte en cólera con las burlas, invitará más burlas. El segundo país en ofender fue Noruega, primo cultural de Dinamarca, con lengua parecida. Ambos países suelen verse como “niños buenos de la clase mundial”, con cuantiosas donaciones de cooperación internacional, poco habituados a ver sus banderas quemadas en las calles del tercer mundo. Para salvar caras y vidas, un diario noruego propuso “al menos fingir” que la libertad de expresión no sea tan importante en este caso. Pero a la joven e irreverente humorista noruega de origen pakistaní, Shabana Rehman, se le ocurrió una forma más eficaz de apaciguar la turba en el país de sus padres:
“Si vamos a fingir, mejor que los dibujantes sean bañados en alquitrán, enrollados en plumas, y puestos sobre unos burros. Entonces, los cancilleres de Dinamarca y Noruega invitarán a Al Jazeera a filmarlo y difundir las imágenes. La turba se reirá de la humillación de los caricaturistas, y los caricaturistas y el resto de los europeos se reirán de la turba. Todos quedarán contentos (…) hasta que la turba grite: ¡corten sus cabezas!”.

Tanto el diario Jyllands-Posten como el gobierno actual de Dinamarca son de derecha, partidarios de la más estrecha alianza con Estados Unidos. Sin embargo, el Presidente Bush y sus correligionarios en la derecha cristiana han condenado duramente los dibujos. Se entiende por qué. Un choque entre religiones es lo último que necesitan las tropas norteamericanas en Irak. Aún así, en Dinamarca no faltan quienes ven en esto una escalofriante alianza tácita entre fundamentalistas cristianos y musulmanes para suprimir libertades y eximir la religión de tener que argumentar sus ideas.

“Pero por esencia, el Islam difiere del cristianismo”, argumenta Ali Sina, un iraní en Estados Unidos dedicado casi religiosamente a predicar contra el legado de Mahoma. “Tomemos la Inquisición. Fue una clara corrupción del mensaje de quien esté libre de pecado que tire la primera piedra. El terrorismo islámico, en cambio, sólo sigue el ejemplo de Mahoma, un señor de la guerra que exigía sumisión total de los fieles y condenaba a muerte a los infieles”. Ali Sina recomienda precisamente la mofa como el mejor arma contra el fanatismo.

Al escritor danés, Kåre Bluitgen, le conmueve el revuelo que él originó. Hace medio año, se quejó de la dificultad de conseguir un ilustrador para su libro infantil sobre la vida de Mahoma (ver recuadro). Fue lo que motivó a Jyllands-Posten a encomendar las caricaturas, en una protesta contra la autocensura. No es la primera vez que Kåre Bluitgen irrumpe en el debate sobre inmigración, por muchos años el tema número uno en la agenda política de Dinamarca. En su libro testimonial de 2002 acusó a la izquierda, de la que él se siente parte, de traicionar sus propios valores. A diferencia de los “whisky socialistas”, Kåre Bluitgen vive en Nørrebro, barrio capitalino hoy dominado por inmigrantes. Ha visto a su hija tratada de puta. Ha presenciado la parada gay siendo apedreada. Ha observado cómo la mujer es considerada inferior. Ha sabido de matrimonios forzados.

“Si esos atropellos los hubieran cometido misioneros cristianos, la izquierda estaríamos en primera fila para denunciarlos,” alega. Pero como los inmigrantes tienen status automático de “víctimas”, la izquierda tilda de “racistas” e “intolerantes” a daneses preocupados por mentalidades medievales en el corazón de sus barrios y de su sociedad. Esto empuja a los votantes hacia la derecha nacionalista, de cuyos escaños parlamentarios depende hoy el gobierno de derecha liberal.

Siendo que los defensores de las caricaturas invocan la libertad de expresión, también han de aceptar la libre (pero pacífica) expresión de ofensa causada. Un diario egipcio retrató con Photoshop a la Reina de Dinamarca como bailarina en bikini, cosechando más risa que furor entre los daneses. Y “para desenmascarar la hipocresía de Occidente”, una revista iraní convocó a un concurso de caricaturas sobre el Holocausto judío, a propósito de la reciente encarcelación en Austria del historiador inglés, David Irving, por negar que el Holocausto haya ocurrido. Curiosamente, esa forma de protesta apunta a todo lo contrario: no a restringir, sino a ampliar la libertad de expresión.

EL LIBRO QUE GATILLÓ TODO

Pese a los problemas para conseguir un ilustrador, el 24 de enero finalmente salió el libro infantil de Kåre Bluitgen sobre la vida de Mahoma, “para que nuestros niños daneses aprendan a apreciar la cultura de nuestros inmigrantes”, según afirma el autor. La publicación cuenta con 269 páginas ampliamente ilustradas, ¡por un artista anónimo!

“Reservar mi identidad fue decisión de mi familia”, explica el dibujante, notando el violento asalto que sufrió un profesor no creyente en la Universidad de Copenhague por citar el Corán en sus clases. También impactó el asesinato del cineasta anti-islámico Theo Van Gogh en Holanda.

En la imagen del lado, el Profeta está con Aisha, su esposa favorita, entregada a él a los 7 años, aunque el matrimonio fue consumado cuando ella tenía 9.

“He investigado mucho sobre la vestimenta y ambientación en la época en que vivía Mahoma”, cuenta el dibujante. “No tengo nada en contra del Islam, mis dibujos son muy respetuosos. Primero pensé que las caricaturas satíricas del diario Jyllands-Posten fueron una provocación innecesaria. Pero ya no estoy tan seguro. Lo bueno es que hayan producido un debate que hacía falta. Ha sido interesante aprender que hay muchas diferencias entre los musulmanes.”